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ESPAÑA HIPOTECADA: RECAUDAR COMO NUNCA, GASTAR COMO NUNCA Y SEGUIR DEBIENDO MÁS.
La deuda baja… salvo por el pequeño detalle de que cada vez debemos más.
El gobierno de España acaba de ofrecernos uno magnífico.
El 17 de septiembre de 2026, el Banco de España anunció que la deuda de las Administraciones Públicas, medida conforme al Protocolo de Déficit Excesivo —la famosa deuda PDE—, había bajado en julio hasta el 99,9 % del PIB.
¡Aleluya!
Hemos bajado del cien por cien.
Toquen las campanas.
Saquen las trompetas.
El problema aparece cuando uno comete la grosería de seguir leyendo.
Porque el mismo Banco de España dice, unas líneas después, que esa deuda alcanzaba 1,744 billones de euros y que había crecido un 3,8 % en sólo doce meses. La deuda del Estado había aumentado un 4,2 %. Y la de la Seguridad Social alcanzaba ya los 136.000 millones, un 7,9 % más que un año antes.
Es decir:
La deuda baja en porcentaje mientras aumenta en euros.
Bienvenidos al maravilloso mundo de la aritmética política.
No hay ningún misterio. La ratio deuda/PIB es una fracción. Arriba está la deuda; abajo, el PIB nominal. Si el denominador crece más deprisa que el numerador, la fracción disminuye aunque la cantidad que debemos siga creciendo.
No es magia.
Son matemáticas de colegio.
Y precisamente por eso resulta tan irritante escuchar una y otra vez que España está «reduciendo la deuda» cuando, expresada en euros, la deuda sigue aumentando.
La frase correcta sería otra:
La deuda representa ahora una proporción menor del PIB nominal.
Eso sí es verdad.
Decir simplemente que «la deuda baja» es, cuando menos, contar solamente la mitad agradable de la historia. Y las medias verdades son falsedades.
UN PAÍS QUE PIDE PRESTADOS OTROS 55.000 MILLONES
Hay una forma todavía más sencilla de averiguar si un Estado está reduciendo realmente lo que debe.
Preguntarle cuánto dinero nuevo necesita pedir prestado.
La Estrategia de Financiación del Tesoro para 2026 lo deja escrito negro sobre blanco: este año se prevé una emisión neta de 55.000 millones de euros.
Neta.
Es decir, después de descontar la deuda que vence.
La emisión bruta prevista asciende nada menos que a 285.677 millones de euros.
Repitamos despacio porque la cifra merece saborearse:
Doscientos ochenta y cinco mil seiscientos setenta y siete millones de euros de emisión bruta en un año.
Naturalmente, la mayor parte no es deuda nueva. Es refinanciación: vence deuda antigua y hay que emitir otra para pagarla.
Pero aquí aparece otra de las pequeñas trampas del lenguaje.
Refinanciar una deuda no significa que la deuda haya desaparecido.
Significa exactamente lo contrario:
Que no puedes pagarla con tus recursos ordinarios y necesitas conseguir nuevo dinero para devolver el viejo.
El Estado devuelve al acreedor que llega al vencimiento, busca otro comprador —o al mismo— y vuelve a empezar.
Una gigantesca rueda.
Mientras haya compradores, gira.
Mientras los tipos sean soportables, gira.
Mientras los mercados confíen, gira.
Pero la rueda no convierte la deuda en aire.
LA FACTURA DE LOS INTERESES: 60.000 MILLONES EN 2030
Y ahora viene la parte verdaderamente desagradable.
Durante años, el Estado español ha podido permitirse semejante montaña de deuda porque el dinero fue extraordinariamente barato.
El Banco Central Europeo compraba deuda.
Los tipos estuvieron cerca de cero.
Hubo incluso emisiones a tipos negativos.
Aquello fue una anomalía histórica.
Y las anomalías, por definición, no duran para siempre.
La deuda que vence ahora fue emitida en muchos casos a tipos bajísimos. Para sustituirla hay que emitir deuda nueva a tipos bastante superiores.
Funcas acaba de calcular las consecuencias.
España pasó de dedicar alrededor de 40.000 millones de euros a intereses en 2025 a encaminarse, si se mantiene el nuevo escenario financiero, hacia más de 60.000 millones anuales en 2030.
Un aumento cercano al 50 %.
Sesenta mil millones.
Cada año.
No para construir hospitales.
No para contratar médicos.
No para reparar vías férreas.
No para levantar presas.
No para mejorar colegios.
No para pagar policías.
No para investigar.
No para construir una sola carretera.
Para pagar intereses.
Si lo comparamos esa factura con el gasto hospitalario previsto para entonces: conforme a esas proyecciones, España puede terminar gastando más en intereses de la deuda que en mantener su red de hospitales.
Esa comparación resume como pocas lo que significa endeudarse.
La deuda permite gastar hoy dinero que no se tiene.
El interés obliga mañana a dejar de gastar dinero que sí se tiene.
No hay almuerzo gratis.
Nunca lo hubo.
EL DINERO QUE SE DEBE A UNO MISMO TAMBIÉN TIENE CONSECUENCIAS
Periódicamente aparece la ocurrencia salvadora:
—Una parte de la deuda está en manos del banco central. —El banco central pertenece al Estado. —Por tanto, el Estado se debe dinero a sí mismo. —Borramos la deuda y asunto concluido.
Magnífico.
Sólo falta que Hacienda descubra también que, si quemamos las facturas, desaparecen los gastos.
El debate ha reaparecido ahora en Francia con la propuesta de cancelar cientos de miles de millones de deuda soberana mantenida dentro del Eurosistema.
Manuel Alejandro Hidalgo explicaba hace apenas un día en Cinco Días por qué esa prestidigitación contable no elimina el problema económico.
Los títulos de deuda que poseen los bancos centrales son activos que tienen una contrapartida monetaria. Eliminarlos unilateralmente afecta al balance del banco central, a su capacidad para absorber liquidez, a sus ingresos futuros y, sobre todo, a la credibilidad del emisor.
Y si el banco central necesita finalmente ser recapitalizado por el Tesoro, reaparece la deuda por la puerta que acabábamos de cerrar por la ventana.
El dinero no desaparece porque borremos una celda de una hoja de cálculo.
Ésta es una vieja enfermedad política:
Confundir la contabilidad con la economía.
Se puede cambiar la columna donde aparece una obligación.
Se puede reclasificar.
Se puede consolidar.
Se puede expresar como porcentaje.
Se puede comparar con otra magnitud.
Lo que no puede hacerse es abolir por decreto la realidad económica subyacente.
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https://voziberica.com/espana-hipotecada-recaudar-como-nunca-gastar-como-nunca-y-seguir-debiendo-mas/
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